Irán tiene a una América débil en el punto de mira, con grandes planes para el futuro

Dirigiéndose a los peregrinos el día 5 de noviembre de 2011, apenas dos semanas después de que el Presidente Obama anunciara que los efectivos estadounidenses regulares se iban a replegar de Irak, el Líder Supremo de Irán citaba los "fracasos estadounidenses de Irak y Afganistán" como prueba de que "Hoy, Occidente, Estados Unidos y el sionismo son más débiles que nunca antes".

El Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad iba todavía más allá, anunciando que la retirada norteamericana no es suficiente. "Mientras el imperio estadounidense radicado en la Casa Blanca no haya sido derrocado, tendremos trabajo que hacer", atronaba.

 En las semanas transcurridas desde entonces, la República Islámica ha elevado el tono de su retórica y de su desafío en la misma medida.

Mientras las autoridades iraníes a menudo hostigan a los estadounidenses que visitan a los parientes en Irán, su condena a muerte el día 8 de enero para Amir Mirzaei Hekmatí, un antiguo Marine estadounidense que estaba en el país visitando a sus abuelos, parece firme. Hekmatí es ahora un peón del deseo iraní de poner de relieve la impotencia estadounidense.

El desafío iraní ha sido particularmente sonado en materia nuclear. Teherán restaba importancia por ilegítimo al informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) más reciente, que enumera una letanía de actividades iraníes más relacionadas en apariencia con un programa armamentístico que con la obtención de energía. Como consecuencia del informe, hasta los diplomáticos chinos y rusos están teniendo dificultades para sostener la ficción de que el programa nuclear de Irán está motivado únicamente por necesidades energéticas. Generar electricidad para alimentar las fábricas no exige el diseño de cabezas explosivas.

Las tensiones -- y la sensación de que el tiempo para detener las ambiciones nucleares de Irán se está agotando -- se agravaban con el anuncio el domingo de que Irán ha comenzado el enriquecimiento de uranio en unas instalaciones subterráneas antes secretas cuya existencia la República Islámica sólo reconoció cuando la IAEA le hizo frente. Mientras tanto, Ahmadinejad, de visita a los líderes antiamericanos de Latinoamérica, ridiculizaba las inquietudes estadounidenses.

 

El antagonismo iraní hacia Estados Unidos daba un giro todavía más peligroso en el Golfo Pérsico.

El 28 de diciembre de 2011, las autoridades iraníes amenazaban con cerrar el paso al tráfico por el Estrecho de Ormuz, la arteria marítima de 54 kilómetros de boca que atraviesan más de un tercio de los petroleros del mundo. Habibola Sayyari, comandante de la marina de Irán, equiparaba la facilidad para cerrar el Estrecho al tráfico con "beberse un vaso de agua". En los últimos días, oficiales iraníes advertían al USS John C. Stennis, un portaviones actualmente en la región, de no volver a entrar en el Golfo tras abandonar el Estrecho durante unas maniobras iraníes.

Aunque las autoridades iraníes han amenazado al tráfico por el Estrecho con anterioridad, no lo habían hecho en casi un cuarto de siglo, desde que el Presidente Ronald Reagan respondió con la fuerza -- a través de la Operación Mantis Religiosa -- para defender la demarcación de las aguas internacionales en el Golfo y asestando a la marina iraní la peor derrota de su historia.

Que los oficiales iraníes vuelvan a amenazar de nuevo a una nave norteamericana de guerra sugiere que Teherán ha dejado de creer que Estados Unidos tiene la voluntad o la capacidad de defender sus intereses.

Como consecuencia de la Operación Mantis Religiosa, las autoridades iraníes acabaron respetando a Reagan, en la medida en que le odiaban. En la actualidad, con su retirada unilateral de Irak, los iraníes de todo pelaje se han dado cuenta de que Obama no tiene nada que ver con Reagan.

El tiempo se agota. Los analistas hoy podrán restar importancia a las amenazas iraníes como faroles, sabedores de que Irán todavía tiene que desarrollar arsenales nucleares. Pero el comportamiento de Irán debería de indicar las verdaderas consecuencias de un avance nuclear iraní. En el momento en que la República Islámica se nuclearice, su farol se transformará en la realidad.

Parapetadas tras su propio disuasor nuclear, las autoridades iraníes pueden ponerse a buscar sus objetivos ideológicos con impunidad. Que un portaviones estadounidense desafíe las exigencias estadounidenses y haga frente a un grupo de embarcaciones ligeras es una cosa, pero arriesgarse a una confrontación con una potencia nuclear de gatillo fácil es otra muy distinta.

Las autoridades iraníes no sólo tienen a la economía internacional como rehén -- efecto neto de acceder de manera tácita a las exigencias iraníes de ser guardián del Estrecho -- también pueden amenazar la presencia estratégica de América. Durante los últimos años, las autoridades iraníes han recuperado aspiraciones territoriales de siglos de antigüedad sobre la isla soberana de Bahréin, base de la Quinta Flota de América, utilizando prácticamente la misma retórica que utilizó en tiempos el dictador iraquí Saddam Hussein para describir a Kuwait.

Cuando April Glaspie, la embajadora estadounidense en Irak, indicó por entonces la reticencia a la hora de defender Kuwait, Saddam atacó. Si las autoridades iraníes se convencen de que Estados Unidos está demasiado débil para responder, Bahréin se podría enfrentar al mismo desafío desde la otra orilla del Golfo Pérsico.

Los viajes de Ahmadinejad por Latinoamérica también deberían sonar las alarmas en los círculos de la seguridad nacional norteamericana. Cuando la administración Obama propuso montar una línea directa para paliar las probabilidades de conflicto fruto de la pérdida de control en el Golfo Pérsico, Alí Fadavi, el responsable naval de la Guardia Islámica Revolucionaria, restó importancia al gesto afirmando que la mejor forma de evitar el conflicto en el Golfo Pérsico es que Estados Unidos evacúe a todos sus efectivos. Añadía, sin embargo, que una vez que los buques iraníes atravesaran el Golfo de México con libertad, las autoridades iraníes considerarían una línea directa con las fuerzas estadounidenses en aquélla región.

Los diplomáticos restarán importancia a Hugo Chávez como bufón trágico que condujo a la pobreza al país en tiempos rico de Venezuela, pero fiándonos de la retórica iraní, podría haber a la vuelta de la esquina una réplica de la crisis de los misiles cubanos, un siglo después de que el Presidente Kennedy bajara los humos a su homólogo soviético Nikita Crushchev.

La fanfarronada iraní es mala. Cuando Teherán pueda ponerle contenido, los intereses estadounidenses correrán verdadero peligro. La cuestión para Obama y para los Republicanos que aspiran a relevarle es si Estados Unidos puede soportar o no un desafío iraní que va a crecer de forma exponencial una vez Irán sea potencia nuclear.

Michael Rubin es miembro del American Enterprise Institute y profesor de la escuela naval. Entre 2002 y 2004 fue el director de la Oficina del Secretario de Defensa para Irán e Irak, de donde pasó a la Autoridad Provisional de la Coalición.

About the Author

 

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  • Michael Rubin is a former Pentagon official whose major research area is the Middle East, with a special focus on Iran, Syria, Arab Politics, the Persian Gulf, Afghanistan and Turkey. Rubin regularly instructs senior military officers deploying to the Middle East on regional politics, and teaches Iranian history, culture, and politics onboard U.S. aircraft carriers. Rubin has lived in the Islamic Republic of Iran, and spent time with the Taliban before 9/11. He is currently completing a history of U.S. diplomacy with rogue regimes.
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